martes, 31 de mayo de 2011

Un recuerdo de esperanza





La tristeza ha invadido mi mente esta noche, me presiona los sentimientos y me obliga a recordar. 
Salgo por unos minutos a desahogarme, me sacudo el dolor y los malos recuerdos, y aquel recuerdo de un final me hace la batalla. Suele suceder, cuando el final está cerca tiendes a recordar el inicio, el génesis de aquella historia y es así que, con la mirada hacia el horizonte, vienen a mí aquellas imágenes grabadas hace ya tanto tiempo.
Te veo tendido en la arena, tu mirada tierna se queda marcada en una película eterna, nuestras sombras se encaprichan en protagonizar esa tarde y permanecen en casa en un lugar especial.
Veo un hombre de papel recostado en unas latas de cerveza, testigo silencioso de un amor naciente, oyente inerte de unas canciones y una sutil invitación, fugaz personaje de aquella noche romántica, dulce, y llena de detalles, como el ángel en tus manos y en las mías luchando por no quedar en el pasado.
Estamos frente al mar, es de noche, me cantas unas canciones acompañado de tu guitarra, me enseña las estrellas y el muelle con las luces parpadeando en el infinito y el frío invitando un abrazo que no llega por pudor.
Las algas se enredan en mis pies, tomas unas fotos como queriendo robar algún detalle de esta persona que apenas conoces, y lo logras. Camino por un lugar desconocido y no tengo miedo, estás cerca de mí y ya nada se torna oscuro, el camino está a salvo cuando estás aquí.
Te escribo una historia, dos, tres, al leerlas te sorprende cómo puede una persona amar de esa manera; me pierdo en el tiempo cuando te escribo y sólo dejo de mis dedos te cuenten la historia que dicta el corazón.
Y luego de unos meses un "te amo", unas copas en nuestras manos brindado por un amor sincero, un beso sin final, un inicio, una nueva historia de los dos, un corte de cabello, un desayuno, unas notas de amor al llegar a casa, unas fotos que aún permanecen en la mesa, un abrazo cada noche, un "te extraño", un "vuelve pronto", y hoy... aquí ganando la batalla y haciendo un pacto con Morfeo, me viene a la mente con mucha fe un... "volvamos a empezar".
TA Cali.

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy brindo por ti



Te recuerdo, pequeña.
Bajabas las escaleras de madera de la casa, te sentabas a la mesa y yo frente a ti tocando la guitarra, podía hacer que lloviera, si quisieras, podía hacer todo por ti.
Te abrazaba lentamente, y me dabas la frente por temor a que te robara un beso, yo tiernamente apoyaba mis labios en tu mejilla, cuánto hubiera querido que me amaras, como yo a ti. 
Quizá me amaste, pero nunca lo aceptaste, quizá fue el miedo a perder todo lo que teníamos, pero qué más da, el tiempo ya ha pasado y con él nuestras vidas tomaron distintos rumbos, y ahora parece ayer cuando te cantaba al oído aquella canción.
Eras mi inspiración permanente, la musa de los poemas que escribí en aquel cuaderno verde, el que te regalé cuando te declaré mi amor.
Te fuiste entre emocionada y triste, y luego de unos días me diste un adiós. Quise devolver la despedida, y le encargué a mi guitarra despedirse por mí, y la tonta sin poder contener el llanto, terminó cantándote "Cuando llora mi guitarra".
Las noche que siguieron a tu adiós las pasé mirando por la ventana, alguna vez nos recostamos en mi cama tan sólo a reposar, eras tan bella, y seguro lo sigues siendo, yo en aquel momento te adoraba, y ahora me veo aquí, recostado en la misma cama, pensando en ti y en aquellos días que pasamos juntos.
Hoy brindo por ti, ojitos de canica, por los recuerdos que me regalaste, por las canciones que me permitiste cantarte en el parque cerca de casa, por los poemas que me inspiraste a escribir, por todo, por tu risa, por tu cabello, por esa virtud de hacer que todos te quieran, y porque tu adiós nos haya permitido llevar una vida mejor.
Te envío un beso en la frente, pequeña, un beso como el de aquella tarde en que hice llorar al cielo tan solo por complacerte.

lunes, 4 de abril de 2011

Entre la duda y el amor

Siento que he perdido, mi mirada viene buscando su brillo desde aquel día y no lo ha podido encontrar.
Es como tratar de armar un rompecabezas y algunas piezas ya no estén, quizá te las robó uno de esos días en que ambos discutían sobre cómo demostrar su amor.
Qué irónico, pelear por amor, sembrando el desamor.
Tengo la manía de coger mis aros, y hoy llevo la mano derecha vacía. Mis dedos buscan sin poder encontrar y es inquietante. Luego viene el pensamiento, buscar y no encontrar, no saber cómo buscar en una vida que parece haberse quedado vacía.
Camino por la orilla de nuestras vidas, mis pies tocan el mar, ese infinito testigo de uno de nuestros rompimientos, y quedo me dice al oído: nuevamente vuelves a mí, Gaviota de arena.
Mis pies se desvanecen, me hundo en el reflejo de mis pecados, las sombras grabadas en la arena me cobran la factura, me invitan a decir adiós y volver a la playa de Pacasmayo.
Un destino desdichado, sin amor. Un recuerdo de caídas precipitosas, de golpes, de fracturas, de heridas sin curar. Pensaba haber escrito una historia bendita, no era más que un cuento para llorar.
Cuántas veces no lloramos por el mismo final, una y otra vez pretendiendo que aquel muerto resucite, creyendo que sólo mis poemas serían su respiración. Me rendí.
Hoy estoy aquí, recordando aquella playa que tantas veces me vio caer, y volver a ponerme de pie para volver a caer peor, a punto de morir vencida por la desesperanza. La última vez fue aquella en que mi vida ya no distinguía el color, me llamó una Virgen y volví a tener fé, me salvó.
Estoy en el limbo, mi vida es incierta, pareciera haber escrito bien la tarea de definir mi destino, sin embargo estoy contemplando algo aún inseguro, quién estará conmigo en él.
Quisiera que mi vida volviera a tener la claridad de hace unos meses, mis párpados me pesan, pienso en que quisiera estar en la cama, volver a desahogarme con la almohada, creyendo que con eso voy a sentirme mejor. He sentido mi cuerpo caer, morir en vida, como si no tuviera la fuerza para volver a creer en el amor, y volver a ver a lo lejos, muy lejos una pequeña luz, una pequeña esperanza escondida en un nuevo intento de no separarnos.
Vengo mezclando confesiones, quizá cuando vuelva a leer esto no lo entienda, sólo estoy vaciando en palabras lo que llevo en el alma, lo que me oprime el corazón.
Digo Adiós por ahora, ojalá la próxima vez tenga un final feliz, espero que esa luz de esperanza logre alumbrar nuestro camino juntos, espero que él se convenza, igual como yo, que esto vale la pena, que este amor existe, y que no es un sueño lograr ser feliz. No quisiera que esta canción se selle en nuestras vidas, no esta vez.



viernes, 1 de abril de 2011

El pedacito que guardó el recuerdo




Entrarán a casa, se llevarán todo, nos tenemos que mudar.

Se llevarán los buenos recuerdos, destruirán lo que hemos construido hasta ahora, sellarán con cera ese corazón parchado y antes de irse voltearán a vernos con una sonrisa malévola, una sonrisa de victoria.
Nos quedaremos mirando el vacío de nuestra habitación, buscaremos algún recuerdo por algún rincón, alguno que nos diga dónde estamos, qué somos, y por qué estamos juntos. No lo hayamos.
Te vas, me quedo sola, no he podido recuperarme del impacto, aún no sé a dónde podría ir. Veo en el borde de la ventana un pedacito de cielo, me acerco, lo cojo, y aquella esquina hay una imagen tuya con el cabello corto. La imagen de Huanchaco se me viene a la mente, una noche desesperada, una ida y una vuelta, una promesa, un retorno, y así muchas cartas en la cama.

Se me corta la respiración, de pronto me doy cuenta que te has ido, ya sé quién eres, y sé que te amo, pero ya no estás. No pudiste buscar un  poco más, no pudiste esperar más, quizá fue mucho para ti, quizá viste un nuevo comienzo lejos de mí, sea lo que fuere ya no estás, y yo aquí con ese pedacito de cielo que me dice: es él.

martes, 29 de marzo de 2011

Retomando el sendero

Me estuve alimentando de buenos recuerdos, en ocasiones parecía acabarse la reserva y me quedaba vacía como queriendo elaborar uno en caso de emergencia, y no podía.
Han sido días difíciles, quizá semanas, pero llega el momento de la calma, aquel momento en que recuerdas por qué estás aquí, y a dónde quieres llegar. Ese momento en el que tu camino vuelve a verse, cuando la neblina se disipa, cuando una sonrisa en el rostro te anima a continuar por aquél sendero con mucha seguridad y optimismo, es cuando vuelve la calma, cuando empiezas a crear nuevas experiencias que te servirán de alimento en los tiempos difíciles.
Estoy nuevamente en el sendero, con el cielo despejado, con aves caprichosas cantando canciones desconocidas en un idioma tan suyo, y a la vez tan nuestro. Llevo de la mano una pequeña promesa plomita, con orejitas redondas y mirada tierna, con ojos de canica como la mamá. De la otra mano está aquel con quien comparto la vida, aquel que también pierde el camino como yo, y con quien batallo en los días de niebla con el objetivo mutuo de volver a ver el sol.
Estamos creando nuevos recuerdos, nuevas sonrisas para los días nublados, nuevos momentos que nos sirvan de guía para cuando perdamos la visión.
Llevo grabada tu mirada en la arena, tu sombra al lado mío, tu sonrisa traviesa, tu manita en la cabeza, y hasta tu mirada al parque cuando juegan los niños a ser grandes.
Estamos de regreso, y hoy salió el sol.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Camino a casa


El cielo tiene un color espectacular hoy, quisiera esta en Cajamarca, allá el cielo es mucho mejor.
Los cables, sin embargo, no me dejan ver por completo el cielo; irónicamente llegaré a casa y veré mi serie favorita gracias a ellos.
Compro pan en el camino, recuerdo haber hecho lo mismo casi todos los días cuando vivía en otra ciudad, llegando a casa con la mitad de lo que compraba.
Paso por el lugar donde nos asaltaron hace ya muchos meses, minutos antes se escuchó cerrar un portón, quizá si hubiéramos estado por allí ese momento nada hubiera sucedido. Apenas unos minutos te cambian la vida.
Llego a casa, la señora que nos arrenda el departamento no me reconoce:
- De dónde es usted? - me pregunta amáblemente.
- Ah?, cómo así? - por mi mente pasó que quizá quería saber dónde había nacido.
- De qué piso es? - me pregunta.
- Oh, del tercero, buenas noches, señora.
- Ah, señorita, es usted, no la había reconocido, como lleva el cabello recogido.
Qué curioso, el corto camino a casa está lleno de recuerdos y anécdotas, incluyendo el que la señora que me conoce hace más de un año no me reconozca a menos de medio metro.
Subo las gradas, entro a casa y saludo al angelito que está recostado en la cama, lo traigo conmigo a la sala y enciendo el televisor, no porque quiera ver algún programa, simplemente porque no me quiero sentir sola.
Me siento, abro la bolsa de pan, y pienso: ¿Podremos solucionar nuestras diferencias?
Horas después me logro responder: Hoy no pudimos.