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miércoles, 26 de febrero de 2014

Noviembre se olvidó de los dos


A falta de un sendero recorro un camino de nubes, me estoy apartando del recuerdo de enero, el primer mes.

Me curo de la herida, del dolor de una partida, del olor a despedida, del punto final a una historia de vaivenes como las olas de este mar inquieto, impaciente por llevarme lejos a un nuevo enero, a un libro en blanco donde pueda volver a escribir.

No sé si fui yo el que causó más dolor, no sé si fui el boxeador o el saco de boxeo, noviembre de olvidó de los dos y nos dejó sin febrero, sin el mes de amor, nos quitó la tinta del cajón, sin lápiz a carbón, sin hoja de papel y simplemente escribió fin exterminando para siempre el supuesto horizonte que creímos en enero, un horizonte sin final como el que ahora veo a través de la ventana de un bote en carnaval.

Este camino de nubes no me lleva a ningún lugar, me he olvidado de escoger el destino. El horizonte no me pinta un final, como noviembre para nosotros, ¿puedes ver un final, mi vida? Can you see it? Me neither. Noviembre se olvidó de los dos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El horizonte enamorado



Princesa onírica, te has quedado varada en la orilla esperando una nueva ola. La arena te ha cegado y crees todos los días ver sol donde sólo las luces de los botes se burlan de ti al pasar.
Princesa ilusa que sigues creyendo en el amor, todos los días el agua borra tus poemas y destruye tu castillo, queriéndote dar una lección, pero hasta hoy no has aprendido.
Cuando caminas descalza las gaviotas lloran de pena, allí va, esperando un corazón roto que curar, un alma triste como ella para hacer el último hechizo que les recobre la vida, pero tantas huellas se han borrado como pasos lentos sigue dando aquélla de cabellos largos.
Triste princesa de ojos de canica, llevas el vestido desgarrado de desilusión, por dentro sigue aún latiendo un débil corazón, y aquellos recuerdos de sonrisas se pasean desde la orilla hasta tu malecón.
Quisiera abrazarte, pero mis piernas no pueden llegar a ti, no te has dado cuenta de un horizonte enamorado, un horizonte que no puede acercarse y se resigna a verte caminar dolida por no encontrar el amor.
Las gaviotas me cuentan tus secretos, princesa color canela, he llorado con tu llanto, sonreído con tu risa, y me he quedado dormido al ritmo de tus suspiros.
Mi princesa, mi ilusión, ni un solo día ha dejado de herirme tu desazón, quisiera tener un corazón como el que deseas para volver a verte reír, quisiera ahogar tu llanto con mi marea, y enseñarte a dormir con la media luna en tu rostro. Quisiera poder hacerte feliz; pero he llegado a resignarme, seguiré siendo el horizonte que te vea a lo lejos, que comparta tu vida con los cuentos de las gaviotas, que lave tus pies con unas leves olas, que te acaricie con la brisa del sol y alumbre tus noches con luna llena.
Mi princesa onírica, ni un solo día he dejado de compartir tu dolor, y aún mayor es al ver que nada puedo hacer para que compartas conmigo este infinito deseo de verte feliz.