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viernes, 8 de noviembre de 2013

Eclipse

Un atardecer en Huanchaco

Contigo aprendí, de la mano por el malecón una tarde abrigada por el suspiro de los dos, aprendí una nueva emoción. Vimos en el horizonte un eclipse enamorado, una mirada de soslayo a nuestro andar, un calor a media luz, una tarde por caer, una noche por nacer, un viento alrededor que me invitaba a cubrirte de mi amor en un abrazo tímido antes de que desaparezca en el horizonte un fiel espectador.

Contigo aprendí a ver nacer en el corazón esa emoción con el brillo de tus ojos en aquel atardecer, con lo suave de tu piel, con el dulce ritmo de tu idioma apasionado, con el tímido movimiento de tus cabellos al compás de tu risa, de tu baile desenfadado, de las volteretas con que me sentía invitado a volver a nacer a tu lado, guardando para mí, para ti, para siempre el calor de un eclipse expectante del secreto mejor guardado… lo que estoy sintiendo por ti.

Contigo aprendí, que mi andar es un andar acompasado, cuando tengo tu presencia de testigo, cuando mis poemas tienen tu nombre en sus estrofas, cuando mi silencio es roto por tu risa, cuando tu mano se sostiene por la mía y se llenan los espacios con miradas, con escenas retratadas, compartidas, con el atardecer, con el aroma embriagador del mar, con el sonido de las olas en la orilla, tímidas, vacilantes, siempre fieles que regresan dejando apenas huella para nosotros dos.

Contigo aprendí que no hay distancia que no una el pensamiento, que no se gastan los recuerdos que vivimos y mantienen el calor de aquella tarde de un brindis, de un deseo y de un salud!  

Contigo soy feliz, soy la otra mitad de aquel eclipse enamorado, soy el horizonte expectante de los dos, soy la orilla, soy el mar, soy la tarde… contigo todo es nuevo, todo es vida… contigo todo se resume a los dos.


lunes, 14 de octubre de 2013

En la pileta de San Blas


Quedan apenas unos minutos para despedirnos del lugar cómplice de las previas. Pido la cuenta y bajo del banco, me duelen las piernas, he caminado tanto y empinado que este pisco peruano por más que sea mejor, no me ha quitado el dolor. Hey, pasas mirando de soslayo a ver si alguna turista te resulta atractiva. Aquí voy yo. Salgo del bar y en la entrada saco un cigarrillo, no me invitas a encenderlo, entiendo entonces que no eres un caballero, conforme estás para una noche que no deje recuerdos, para una noche que sólo me deje una sensación. Enciendo mi cigarrillo, aquí en San Blas el tabaco sabe igual, te miro de repente y entiendes, sí, esta noche te quiero a vos. Te acercas y confirmas el mismo deseo, te parece que caminemos? Iniciamos una conversación sobre el uno, sobre el otro, yo te imaginaba a la vez sobre mí, y a mí sobre vos. Vinieron las risas, nos sentamos en una banca frente a la pileta nocturna de este pueblo de turistas auto exiliados, el sonido del agua cayendo a nuestras espaldas era el fondo musical a nuestras historias, de pronto vi tus ojos, me había distraído con tu boca, las luces tenues de la pileta se unieron al compás del agua que caía, tal como caía yo, tal como me perdía yo, tal como me rendía yo. Nuestros deseos se confundieron, esto no era lo que había planeado, not now, not today.
Mi sonrisa se transformó en una mueca de miedo, de pena, una mueca de "no puedo", "no quiero",  "not this time, not again", y al parecer entendiste, y maldijimos San Blas, su pileta y el bar, porque nos engañó, porque lejos de placer nos dejó una noche de recuerdos, una noche de miradas, una noche de a dos, una de esas que se escribe, una de esas que no muere, que se queda grabada no sólo en esta plaza sino también en estos dos.
Va cayendo el agua de la pileta mientras tanto, tú y yo pensando, si esto queda en una historia de San Blas o si la llevamos en el avión... y aún ahora, a punto de aterrizar no tomamos esa decisión.