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martes, 6 de junio de 2023

Día 1

 Estás ahí?

Abrió los ojos y sintió que el aire volvía a entrar a su cuerpo después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo.

Expulsó todo el aire y con él, la pena. Sintió el alivio de volver a sentirse viva, después de haber experimentado la opresión de su alma como un preámbulo a una muerte anunciada por un repentino “adiós”.

Corrió hacia la ventana y sintió el sol como una llamada de atención, es real, le decía, sigue vivo, no fue un sueño aquel donde fuiste feliz y creías que podrías serlo por el resto de tus días. Fue real. Y ella sonrió y le regaló unas olas de emoción.

Bajó de esa nube y pensó en él. Lo imaginó recorriendo con cariño sus pensamientos, se perdió en el recuerdo de su mirada pícara, en sus besos cómplices de películas nunca vistas, en sus manos aprendiendo de memoria sus formas, en su respiración cuando se acercaba, en los timbres que rozaban sus latidos, en sus versos enredados, en la incursión del amor a su cuerpo con ternura como una rendición a aquello que nunca se planeó pero que dominó su todo, sus días, sus lunas, su tiempo, su energía, su mente, su atención, porque sin quererlo se había rendido ante el hecho de descubrir que podía y debía ser feliz de una vez por todas.

No quiso recordar más, quiso que aquello volviera a escribirse en otra piedrita en la playa de sus recuerdos, y salió.

Encontró la caracola que quería ser grabada con el Día 1. La abrazó, se embriagó de su aroma y unió su ternura con la de ella, la guardó en el surco que tanto lo desconcentraba, tenía toda la costa para llenarla de caracolas nuevas dispuestas a ser grabadas hasta el día “n”, y se recostó en la arena, sintió nuevamente el sol, su amigo, su cómplice, su testigo de siempre; sonrió, cerró los ojos, y sintió el mar acariciar sus huellas, y nuevamente la escena le recordó que estaba viva, y que él era real…

viernes, 8 de noviembre de 2013

Eclipse

Un atardecer en Huanchaco

Contigo aprendí, de la mano por el malecón una tarde abrigada por el suspiro de los dos, aprendí una nueva emoción. Vimos en el horizonte un eclipse enamorado, una mirada de soslayo a nuestro andar, un calor a media luz, una tarde por caer, una noche por nacer, un viento alrededor que me invitaba a cubrirte de mi amor en un abrazo tímido antes de que desaparezca en el horizonte un fiel espectador.

Contigo aprendí a ver nacer en el corazón esa emoción con el brillo de tus ojos en aquel atardecer, con lo suave de tu piel, con el dulce ritmo de tu idioma apasionado, con el tímido movimiento de tus cabellos al compás de tu risa, de tu baile desenfadado, de las volteretas con que me sentía invitado a volver a nacer a tu lado, guardando para mí, para ti, para siempre el calor de un eclipse expectante del secreto mejor guardado… lo que estoy sintiendo por ti.

Contigo aprendí, que mi andar es un andar acompasado, cuando tengo tu presencia de testigo, cuando mis poemas tienen tu nombre en sus estrofas, cuando mi silencio es roto por tu risa, cuando tu mano se sostiene por la mía y se llenan los espacios con miradas, con escenas retratadas, compartidas, con el atardecer, con el aroma embriagador del mar, con el sonido de las olas en la orilla, tímidas, vacilantes, siempre fieles que regresan dejando apenas huella para nosotros dos.

Contigo aprendí que no hay distancia que no una el pensamiento, que no se gastan los recuerdos que vivimos y mantienen el calor de aquella tarde de un brindis, de un deseo y de un salud!  

Contigo soy feliz, soy la otra mitad de aquel eclipse enamorado, soy el horizonte expectante de los dos, soy la orilla, soy el mar, soy la tarde… contigo todo es nuevo, todo es vida… contigo todo se resume a los dos.