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jueves, 18 de enero de 2024

Así fue

 


... no será?

Debajo de un recuerdo se atrevió a escribir una carta, con el mismo lapicero con que había escrito, hace ya muchos años, el final de un libro por demás apasionado.

En ella le decía lo que nunca fue capaz de confesar, que había pensado en los momentos juntos, que había extrañado los destellos de dulzura que dejaba escapar cuando, por instantes, se escondía la dureza de su carácter, que había querido escuchar una vez más su voz, aquella que arrulla cuando no elabora discursos, sino, cuando simplemente saluda, o pregunta ¿cómo estás?, o pide, quédate un minuto más.

No sabe si fue por orgullo o temor, pero aquella carta la dobló, la rompió, y la tiró al baúl de los recuerdos que caducan, lamentablemente, en pocos días. Tenía definido un espacio en su mundo donde enviaba estas cartas que tenían un final predecible, aún sin escribir la palabra, llevaban en ella el final planificado, lo que no fue, no será, y así fue.

Cogió una nueva carta, quiso escribir el inicio de una nueva historia, pero al apoyar el lapicero en la hoja, la tinta no se lo permitió, o la falta de ella, o el arrebato de un ventarrón, o de dos, y se dejó vencer, parecía que escribir aquel inicio no fue muy importante. Aquella historia nunca iniciada pasó al espacio finito de su memoria para quedar como aquello que tampoco fue. 

De pronto llegó una carta a su mesa, era un mensaje de más de una década atrás, no sabía cómo interpretarlo, después de muchas frases "te quiero", o mejor dicho "siempre te quise", solo atinó a doblarla y guardarla para no leerla más. Hay cartas que quizá nunca deben ser leídas.

Al final, luego de varias correspondencias, volteó a ver, pocas le causaban nostalgia, los finales que le dio a cada una de ellas la hacían sonreír de una manera dulce y serena. Sabía que esos adioses eran la génesis o continuación de su paz, que era lo más importante, y por ello, solo dejaba ir.

¿Extrañaba algo? Sí. Pero con los años aprendió que a veces es mejor extrañar, que aceptar algo que no la haría feliz. 

Y así fue. ¿No será? 

No lo sabía.

jueves, 14 de agosto de 2014

No me mientas, ni me digas la verdad

Canción: Donde habita el olvido, Joaquín Sabina.

No, tú no
Tu norte no es más compartido
Tu vida no es más mi camino
Tus sueños no son mi verdad.
No digas más que mentiras,
Me ahogo en el llanto
Que dejó en tu manto algún día
Un oso del pasado
De una historia caprichosa
Que se acabó una navidad.
No quiero más tu verdad
Un soplo de vida esculpida
En el brazo de un árbol
Donde soñé en tu regazo
Cuando nos volvimos a encontrar.
No me mientas
Ni me digas la verdad,
Fue solo el sueño de una triste despedida
Un despertar en una noche sin un día
Un laberinto del que no pude escapar.

martes, 21 de junio de 2011

La última despedida


Mi cuerpo ha permanecido en la cama con la triste esperanza de que volvieras. Un espejo al costado me dice que me he quedado solo con mis lágrimas y mis lamentos, finalmente sin ti.
Mi garganta está seca, me he quedado pensando; a mi mente vuelve un vago recuerdo de aquella primera despedida.
Tus brazos sobre mi pecho me reclaman, tus ojos llorosos me dicen una vez más que me olvidé de ti, y yo allí, inmóvil, pensando en alguna excusa que te devolviera la confianza y me permitiera seguir contigo con una nueva oportunidad para demostrar que en verdad te amo.

Tocan a la puerta, no sé cuánto tiempo llevo tendido aquí, no quiero abrir. Los recuerdos me llevan nuevamente de viaje al pasado, te veo bailando en la playa, tus pies van formando nuestros nombres en la arena con la dulce intención de querer inmortalizarnos en un corazón. Te veo y sonrío, soy feliz. El sol se apoya suavemente en tus hombros, cuando estás cerca te apreso en mis brazos y suavemente poso mis labios en tus ojos, y siento que te envuelvo de ternura; éste soy yo, no quiero que me olvides.
Vuelven a tocar la puerta, quizá piensen que estoy muerto, y en verdad lo estoy, he perdido la guerra, no fui valiente, dejé ocupar tu lugar por intereses ajenos a nosotros y ahora estoy aquí sintiendo cómo mis sueños a tu lado se derrumban por no haber defendido tu trono en mi conciencia.

Otra despedida, tu mirada ya no está triste, quizá el tiempo te ha vuelto más fría y estar juntos ya no es una prioridad. Estoy frente de ti, rogando que no menciones aquella frase que termina en adiós, pero la escucho y nuevamente mi mente maquina una nueva escusa, esta vez más creíble que la anterior. No quiero perderte, no quiero perderme en la vida sin ti, dame una nueva oportunidad.

Tocan más fuerte, mis recuerdos se ven interrumpidos por un ser impertinente que no me deja sufrir en paz. Abro la puerta, puede ver que sigo allí y le pido que se retire.
Puedo sentir tu perfume, lo respiro muy hondo con la intensión de atrapar en mí algún resto de tu presencia, no quisiera exhalar por temor a perderte en el ambiente triste que me rodea, renunciando a ello luego de unos segundos, cayendo de rodillas por la impotencia de no poder inventar una excusa más.
Mis manos están apoyadas en el piso de cerámica, es frío, como el momento que se va quedando grabado en  mi mente ahora.
Estás sentada en la cama, sólo has venido a despedirte, no quieres oír nada más, estás cansada, y estás más calmada que todas las despedidas precedentes, esta es la última despedida para ti, y lo sabes.

Pienso que hay una nueva salida, pero ya tomaste la decisión, mi mundo se derrumba, no puedo entender lo que está pasando, no lo vi venir de esta manera, y al ver que caminas hacia la puerta recién entiendo que es verdad, que te estoy perdiendo, que no hay marcha atrás y que esta vez te irás para siempre.

Ya no siento mis manos, es momento de aceptarlo, en qué momento se confundió mi amor? o es que acaso te perdí desde aquella primera despedida?

viernes, 8 de junio de 2007

Haz que lo diga él también, por favor

Algo más de lo mismo, puede que tus oídos estén cansados ya de mis ruegos,
lo único que varía es una palabra
que esconde grandes secretos.
La parte final es un nuevo comienzo
y ese comienzo condenado al destierro,
como una bienvenida con una pluma sin tinta
como una noche de desvelo.
La mirada baja, las manos juntas,
las lágrimas víctimas de la gravedad
dejan mi pena compartida a tus pies, diminutas,
y me quedo avergonzada por no saber
cómo corresponder la compasión, el amor, la amistad.
Un camino compartido, invadido,
pero a la vez floreciente, vivo, claro y dulce
se convierte en la esperanza de mis sueños
y en mis sueños despierta, se contamina
y el trabajo de volverlo puro me hace recurrir a ti
y la necesidad de regresar me hace buscarte, hablarte, pedirte perdón.
Cada uno de mis días en cada temporada
se tiñe de rojo, blanco o azul,
el verde esperanza ha desaparecido
el negro del final espera escondido,
los pinceles de mi conciencia hacen su trabajo en el lienzo del corazón.
Hay un artista escondido
esperando una señal o ideándola,
la búsqueda de una razón es el trabajo diario
que me asalta e invade
que me sigue y presiona
que me ataca, me culpa y me mata.
Es una muerte lenta cuando se está solo,
cuando se idearon mariposas en el campo de la vida
cuando se construyó un futuro en el espacio
en el cielo, firmamento,
en la nube que nos cobijaría hasta que se enfríe el sol.
"Shhh, me gusta el sonido del silencio cuando tú eres mi compañía"
Qué difícil es decir adiós, y qué necesario es ahora decirlo.
Diré entonces "Hasta siempre",
Diré entonces "Has que me lo diga él también, por favor".