martes, 6 de junio de 2023

Día 1

 Estás ahí?

Abrió los ojos y sintió que el aire volvía a entrar a su cuerpo después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo.

Expulsó todo el aire y con él, la pena. Sintió el alivio de volver a sentirse viva, después de haber experimentado la opresión de su alma como un preámbulo a una muerte anunciada por un repentino “adiós”.

Corrió hacia la ventana y sintió el sol como una llamada de atención, es real, le decía, sigue vivo, no fue un sueño aquel donde fuiste feliz y creías que podrías serlo por el resto de tus días. Fue real. Y ella sonrió y le regaló unas olas de emoción.

Bajó de esa nube y pensó en él. Lo imaginó recorriendo con cariño sus pensamientos, se perdió en el recuerdo de su mirada pícara, en sus besos cómplices de películas nunca vistas, en sus manos aprendiendo de memoria sus formas, en su respiración cuando se acercaba, en los timbres que rozaban sus latidos, en sus versos enredados, en la incursión del amor a su cuerpo con ternura como una rendición a aquello que nunca se planeó pero que dominó su todo, sus días, sus lunas, su tiempo, su energía, su mente, su atención, porque sin quererlo se había rendido ante el hecho de descubrir que podía y debía ser feliz de una vez por todas.

No quiso recordar más, quiso que aquello volviera a escribirse en otra piedrita en la playa de sus recuerdos, y salió.

Encontró la caracola que quería ser grabada con el Día 1. La abrazó, se embriagó de su aroma y unió su ternura con la de ella, la guardó en el surco que tanto lo desconcentraba, tenía toda la costa para llenarla de caracolas nuevas dispuestas a ser grabadas hasta el día “n”, y se recostó en la arena, sintió nuevamente el sol, su amigo, su cómplice, su testigo de siempre; sonrió, cerró los ojos, y sintió el mar acariciar sus huellas, y nuevamente la escena le recordó que estaba viva, y que él era real…

jueves, 23 de marzo de 2023

La 28 que renueva


Con un lento andar pasé por la 28 de la calle de tus recuerdos, esta vez, las hojas caídas me llevaban a aquel adiós, con temor me acerqué al rincón de la oración que escribía nuestro adiós y sonrió al verme, como queriendo llevarme a aquella etapa del duelo.

En mi mente un remolino de emociones me alertaban a no dejarme llevar por esa sensación, mientras el paisaje, himnotizante, seguía recordándome la frase y volviendo atrás, cuando fui feliz caminando por la 28, la calle del hola y el adiós.

¿Cómo llegué aquí? ¿Será que el duelo es un remolino cíclico? No, qué va, lo que me atrajo fueron los espectadores de todos los adioses que despiden sus hojas como celebrando los saludos y despedidas, espectadores respetuosos que solo se dejan ser, y que sin decirlo, nos dan la bienvenida y también, nos invitan a no volver. Solo está permitido volver si eso te invita a soñar. Soñemos entonces.

Siento el viento limpiando las emociones del recuerdo, el olor de cambio de estación refresca los pensamientos, invitación otra vez a bosquejar nuevas historias de inauguración y desenlaces, de historias grabadas en el negativo de la pupila atenta para almacenar las imágenes en el banco de recuerdos de un otoño, de un nuevo otoño en la 28.

Si necesito un abrazo esperanzador, todos ellos están dispuestos, mis huellas, al tocarlos, sienten el paso de los años, me regalan imágenes de su pasado y revivo una y otra vez sus estaciones. Un abrazo, uno que renueva la promesa de un renacer, de él y de todos, y por qué no, uno mío, otra vez, una y otra vez, porque rendirse no es una opción.

Con la palma de mi mano me despido, y a cambio recibo las caricias en forma de hojas sueltas, voladoras, saltarinas de todos ellos. Me quieren, me extrañan, me aman. En esa calle solo siento amor. Y es que los que estamos llenos de amor lo sentimos en el aire. Esa calle, la 28, es una calle de amor. Me despido, aunque sé que volveré. Se despiden, aunque saben que volveré, una vez, una y otra vez, en cada renacer, porque aún sin decirlo, nos pertenecemos, y nos volvemos a ver cuando la batería de esperanza nos da una señal de alerta. Y entonces volverán a caer esas hojas, y volveré a decir "hola" y "adiós".


A Cali

lunes, 26 de septiembre de 2022

1320 - TML



Todavía... todavía mantuve abrigada aquella historia, una historia de iniciales que confesaban un deseo inesperado, que dentro llevaba un miedo, pero también una fuerte ilusión. No recuerdo la estación, he perdido la memoria de muchos recuerdos, he tenido que vaciar algunos momentos en el camino para dejar entrar una nueva historia. Me valí del espacio suficiente para nuevas promesas, para nuevos besos, pero se ha quedado un pedacito de ese cielo escondido en el centro del corazón. La tierra donde sembré ese sentimiento estaba bendita. Una oración había colocado la clave de sol en la partitura, y con una larga nota me había atrevido a despedirme sin pedir permiso, sólo pidiendo valor. Puse un adiós en la maleta, dejé mi promesa en el pasado, no cabía llevarla a un nuevo viaje, y luego de un largo tiempo creyéndola olvidada hoy se presenta en mi nube, echándome un ojo, invitándome a recordar. He recordado una risa, un suspiro, una historia infinita... hasta el cielo, un papel, un cofre y una chansón. He recordado un circo, lúculas, un chicle y un ratón, he recordado colates, poemas, historias, he recordado el insomnio, a Sody, una almohada con rímel, una pena, una lágrima, una muerte y una resurrección. He recordado una vida, y me he sentido feliz... luego de algunos días he sentido dolor... he perdonado hace mucho tiempo, y me avergonzaba tener que perdonar otra vez. Hay cosas que el cuerpo ya no soporta, y se lo pasa al corazón... mi corazón debe estar muy resentido... Le he preguntado a esa promesa por qué ha vuelto a mí... ha sonreído, se ha sentido feliz con sólo verme, y luego de eso ha resuelto desaparecer. Me ha dejado un suspiro, de esos que recordé. Me ha dejado las ganas de llorar, también las de sonreír pero con menos intensidad. No he entendido. He querido odiarla, pero no quiero volver a perdonar. He querido llamarla, pero no la quiero presionar. Me toca olvidar otra vez? Lo siento, corazón. Puedes quedarte con el pedazo de papel: TML.

miércoles, 28 de agosto de 2019


¿Hace cuánto fue feliz?
Mientras toma un café al borde de su mar siente volar aquella pregunta como una gaviota perdida buscando un muelle donde aterrizar. El calor de aquel líquido trae a su mente un recuerdo cálido; tertulias a medianoche en el café de siempre donde el horario es suyo, donde la capacidad del local está sujeta a su capricho, donde los nombres no son nombres, sino apodos adquiridos, donde las nubes encajan en el rincón de siempre tomando formas moldeadas por cada experiencia vivida, cada comentario rosa, cada secreto temeroso, tímido, vergonzoso, hasta en ocasiones tan deprimente que nunca deja de ser secreto, donde el hogar es aquel momento en que compartes un café, una sonrisa y un hasta pronto, deseando que al día siguiente todo vuelva a empezar.
¿Hace cuánto que sonrió?
Con aquella sonrisa enamorada, sentado con un leve inclinación hacia ella, mirándola fijamente sin lograr escuchar lo que ella dice, sin entender lo que ella cuenta, sin importar el tiempo, tan solo ella, su mirada, sus movimientos, su perfume, su timidez. De pronto el silencio, ese silencio cómplice que los mira anonadados, habla ella, habla él, quién podría? espantados por no saber beben de su copa con la mirada gacha, su respiración empaña el cristal y al evaporarse... sus miradas otra vez se encuentran para retomar un diálogo iniciado tan solo con la admiración de uno por el otro y su eterno sonrojo.
¿Cuál era la canción?
Camina lentamente con su desazón y su sombra al ritmo de una última canción, una canción con olor a vino blanco, con color a atardecer en su eterno Huanchaco, con la textura de su mar y la brisa que lo envuelve tiernamente enfriando los recuerdos que pronto lo harán llorar.
Más vale que no tenga que elegir, que el destino no lo haga elegir entre el querer y olvidar, que los pasos siguientes en aquel triste camino lo eleven al destello de una alegre chansón, con vista a un cielo y el balcón a una pasión, con un manto y pinturas para dibujar un nuevo destino con olor a humedad, con color celeste claro, anochecer fría con sabor a chocolate caliente y un libro de compañía, como siempre.
¿Hace cuánto fue feliz?
Ayer, cuando al acostarse sintió la respiración de un amor que no sabe que es amor, cuando su mano bordeó aquel cuerpo tibio, que lo extraña y lo busca cada noche para poder dormir, cuando su mejilla topó aquella mejilla que no se incomodó, cuando sintió aquella mano caer sobre sus ojos, entonces fue feliz. Ahora lo recuerda, pero mañana, nuevamente se habrá de preguntar, ¿Hace cuánto fue feliz?

lunes, 17 de diciembre de 2018

Duerme, mi pollito


Camino a un horizonte dorado te llevaba en mis brazos;
sentía el palpitar de tu pequeño corazón acompasado con el mío, cantando una canción de cuna que mece, que arrulla;
con un brazo te sostenía en mi andar y con el otro, suavemente, acariciaba tu manita suelta libremente, con confianza, con amor.
Miraba a lo lejos el mar, un mar con olor a Huanchaco, un atardecer con olor a recuerdos tan lejanos, a vinos blancos, libretas y poemas por doquier;
tú caías lentamente en un sueño bonito, de angelitos, de bautizo, de blanco, pureza, bendiciones y señales de la cruz.
A la señal, mirábamos tu rostro para, segundos después, ser retratados en un lienzo imborrable, nuestra mente, nuestro inconsciente, nuestro tulipán del jardin añorado, nuestro regalo de Dios.
Y tú, con los párpados cansados, luego del néctar blanquecino que arrulla, caías lentamente en mi hombro, cantando en mi imaginación: "mamá".
Duerme mi ángel de ensueño, los que te amamos estamos aquí, velamos tu andar, tu soñar, tu vivir, mientras aún no levantes vuelo, mientras seas el niño de nuestros ojos, mientras corras a los brazos de nuestro amor.
Duerme, mi pequeño pollito; mientras viva estos brazos esperarán abiertos un abrazo tuyo, un beso en la mejilla, una mirada dulce, y corresponderán ese amor con la fe en que serás bendito en la vida que te toque vivir.
Buenas noches, mi angelito. Mi motita de algodón.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Impaciencia


Hay alguien más dentro de mí, alguien que desde hace unos meses me da los buenos días y me recuerda el valor del tiempo. En ocasiones lo sueño, lo siento, lo miro, me acurruco a su lado, y envuelta en un abrazo imaginario me vuelvo a dormir. Me gusta la paciencia de quien me acompaña, me gustan los gritos de alegría al saludar a quien me llena de esperanza, disfruto del tiempo aunque me cueste saber que faltan meses para conocer el fruto de nuestro amor, pero así soy... impaciente, sabiendo que con los años no lo soy tanto, aún me embarga.
He grabado no solo en la memoria los saludos de un ángel creciente, me pregunto, cómo provoca tanta emoción lo no conocido; ¿tendrá que ver con la fe? ¿tendrá que ver con un ciclo esperado por los espectadores del lienzo de tu vida? Sea como fuere, las sonrisas vienen a mí de personas inesperadas desde que mi cuerpo empezó a cambiar, de manera casi inexplicable. Entonces comprendo, es lo que provoca la esperanza en una nueva vida, la ternura de todo aquel que inicia el camino que nosotros hace mucho tiempo iniciamos... y provoca lo mismo en mí y en aquel que lo hizo posible. Lo siento así cada vez que escucho su voz encarnando un cuento, lo siento así con cada caricia, sonrisa y juego, lo siento así cuando le habla y me enternece sentir el apego entre los dos. Lucho nuevamente con el deseo de conocerlo, de encerrarnos los tres en un abrazo, en un sueño imperturbable donde las pesadillas y los sustos no existan, donde el amor invada el ambiente, nuestro hogar, y llene el espacio e impregne las almas cercanas de paz, esperanza y fe, aún cuando no conoces el origen, aún cuando no has visto el milagro de una nueva vida nacer.

jueves, 14 de mayo de 2015

Pingüinos


Me sorprendo riendo en un sueño del que eres testigo risueño, 
voltereta de soslayo topando mi brazo a tu brazo
invitándote a acompañarme sin temor a un regreso.
Una mirada me busca cuando mis párpados luchan por dar la bienvenida al sol,
de pronto te encuentro, testigo de un amanecer que nos descubre juntos,
prestos a iniciar un día con besos en la nariz y las mejillas.
Una caricia traviesa se pasea por tu rostro, unos besos atrevidos atrapan tus labios
reclamando los entreabras para expulsar un Te amo. 
Una mano se pasea por tu cintura para ver asomar un sonrojo que aguanta la risa,
te abrazo porque adoro sentir tu pecho rozar con el mío, y de pronto tu aroma,
ese que me dice, me canta y me recalca que estoy en casa;
que me da ese calor que me hace sentir que nada más existe,
que en un nosotros se concentra la felicidad efímera y permanente
contradictoria, transformadora, irreversible, tatuada en un compromiso 
en un nosotros con forma de pingüinos, una historia para siempre,
un tú y un mí.
Me descubro perdida en tantos pensamientos y de pronto...
pienso en ti, veo cómo termino sonriendo, delatora confesión 
de una pérdida de control, del garabato que ocasiona una frase de amor tuya
en mi cuarto de emociones, para terminar recostada en la idea de pronto
volverte a ver.
Me descubro ilusionada, me descubro enamorada,
me descubro en un camino donde camino feliz, y al lado mío...
tu mano prendida de la mía compartiendo el trabajo de construir un sendero
adornando a cada paso el camino con detalles, impregnando el aroma
de las flores a las almas enamoradas que transitan optimistas un camino a lo desconocido.
Me descubro de ti, me descubro de mí; cierro los ojos y busco en mis sueños
que llegue la noche en que por fin volvamos a casa hasta un nuevo amanecer.