viernes, 20 de septiembre de 2013

Ojos


Cerró los ojos por si su recuerdo caprichoso volvía a él y la sentía nuevamente suya, apretó los párpados para atraparla en su presente y reprocharle con creces su partida, se había ido, había volteado la mirada y dándole la espalda le lanzó un fulminante adiós.

Abrió los ojos y la pena materializada en una lágrima amarga rodó por su mejilla, la que temblaba cuando intentaba sonreír, como llamándole la atención por atreverse a intentar ser feliz. Él, desafiando su destino, lo seguía intentando cada vez que creía haberla olvidado, cada vez que creía haber superado ese lejano adiós que ahora lo tenía tan nítido en la mente.

Volteó la mirada, la creía ver caminando por el césped fuera de casa, las huellas de los años se habían borrado, ya no era la mujer mayor que lo dejó, era la joven de la que se enamoró un día, la primera a la que tímidamente le dijo Te amo, y a quién por primera vez la escuchó decirlo para él. Era la primera mujer a quien besó los ojos, y con quien se dejó caer en el deseo oculto de un cuerpo entregado al amor.

Volteó la mirada, aquella imagen era demasiado para un presente en blanco y negro, creía soñar todos los días, la realidad era cada vez más confusa, en ocasiones no sabía distinguir si en verdad su mujer había partido. Se secó las lágrimas, tenía los ojos desangrados de tanto intentar impedir los recuerdos que le arañaban el alma, que le recordaban que cometió aquel desaire que finalmente lo dejó en soledad, que le puso el Fin a su historia, y que por más que cierre los ojos, nunca podrá olvidar.

Perfecta compañera somnolienta


Es la hora de dormir, es la hora de la noche en que los párpados de la gente común se cierran a soñar cosas bonitas, o sencillamente cosas que jamás recordarán. Es de noche, el cielo se viste de plata, con la luna llena, es un cielo de sierra que llora la distancia que nos separa, es un cielo que grita porque estás lejos, y me reprocha con una estrella fugaz que no estás, y que no volverás. Y pienso, ¡y qué!
Es de noche y la gente buena duerme, la gente que no tiene nada pendiente, los demás, como yo, no sabemos qué es soñar, la gente como yo usa esta noche para pensar; inevitablemente la nostalgia de la soledad me visita, y se sienta a mi cama a conversar. La maldita nostalgia me recuerda tantas cosas, y yo sin poder evitarla,  tan siquiera la escucho y me burlo de ella, porque cree que aún te quiero, porque cree que he muerto con tu recuerdo grabado en mis pupilas, y por eso viene a mí todas las noches. He resuelto prender un cigarrillo, prepararme un café y mirar por el balcón. A ver si un día se aburre de mi indiferencia y se marcha contigo.
Los gatos hacen un ruido espantoso, infieles mascotas dueños de una noche repetida, noche expuesta a la suerte de los que no dormimos, a la suerte del insomnio caprichoso de mi juventud. Este insomnio aún no ha entendido mi adiós, creo que es un fiel compañero de mi desazón, de mis dudas, de mis ansias de partir. No a dónde estés, aclarando, sino lejos de todo, incluso de mí.
El humo de mi cigarrillo vuela hacia ese cielo que reprocha mi estado de alerta. Con una canción que huele a despedida logro hacer que me perdone, he tenido que aprender esa canción durante meses, porque la olvidaba cada día creyendo no necesitarla. Ese cielo tendrá que acostumbrarse a este ser vagabundo hasta que sepa lo que es dormir.

Dormir, llegué a odiar el estado en el que vienen a ti tantas imágenes, más aún cuando son de angustia, porque no han sido más que presagios de fugaces partidas a Dios, de dolor al despertar, de verdades inevitables y una vez más te duele la distancia. He odiado dormir, porque te hace ver más real tu vida, porque en ese momento no logras hacer lo que debes hacer y mucho menos al abrir los ojos y duele. Por eso, noche, te he obligado a verme aquí, en el balcón, con mi taza de café frío, como yo, y con este cigarrillo con el que muero día a día. Te regalo unas horas más, noche, te regalo unas breves palabras y el aullido de estos infieles invasores de mi silencio, a ver si un día me regalas un sueño bonito que me invite nuevamente a soñar. Te regalo unas horas más, a ver si logras que al cerrar los ojos, luego de unos minutos, unos surcos se formen tenuemente en mi rostro, una mueca similar a una sonrisa, sólo allí podrás decirme adiós, sólo allí te diré adiós también, querida confidente somnolienta.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

En la risa y el silencio


Apenas unos pasos me separan de ti, te veo a lo lejos y de pronto una sensación extraña me invade en el pecho. 
Me detengo, tu figura a la distancia me invita a iniciar una historia, y no quiero. Entiendo que lo que me invade es el miedo. 
Estoy a unos pasos de ti, no te has dado cuenta que te estás grabando en mis retinas y en mis recuerdos, aún en el silencio que existe entre nosotros puedo oír tu risa, puedo sentir tu abrazo, ese que me dice hola, y que inevitablemente me dice adiós.
Aparto la mirada de tu existencia, me escudo en la pantalla de un aparato que poco a poco se apodera de mí, quiero ver si a través de este cristal sigo sintiendo el miedo de acercarme, o quizá es frío, o quizá mi amor a la soledad, a esa soledad de la que poco a poco me he ido apartando, con el mismo miedo con que ahora estoy parado mirando el horizonte, mirando tu existir.
El caprichoso aparato ha querido también mantenerte para sí, se ha grabado en su memoria aquella postura con que me esperas, con que cuentas los minutos para una hora previamente pactada, inquebrantable, las 12, y sin quererlo falta apenas un minuto. Cuánto tiempo estuve así, no lo sé, sólo sé que dar un paso es lo siguiente, y encontrarte para darte un beso, habiendo olvidado la flor, y quizá escuchar un regaño por hacerte esperar, aun cuando sabes que jamás lo hago y jamás lo haré.

Me acerco, estás tan distante mientras camino hacia ti, pero de pronto al sentir mi dedo en tu hombro regresas, y vuelves a ser aquella mujer que con una sonrisa vuelve a ser parte de mí, volvemos a ser nosotros, volvemos a ser aquellos que disfrutan igual de una risa y del silencio, hasta nuestro próximo adiós.

jueves, 21 de marzo de 2013

Has vuelto, promesa

- Entonces estás pensando en mí?
- Quizás...

Todavía...
todavía mantuve abrigada aquella historia,
una historia de iniciales que confesaban un deseo inesperado,
que dentro llevaba un miedo, pero también una fuerte ilusión.
No recuerdo la estación, he perdido la memoria de muchos recuerdos,
he tenido que vaciar algunos momentos en el camino para dejar entrar una nueva historia.
Me valí del espacio suficiente para nuevas promesas, para nuevos besos, pero
se ha quedado un pedacito de ese cielo escondido en el centro del corazón.
La tierra donde sembré ese sentimiento estaba bendita. Una oración había colocado
la clave de sol en la partitura, y con una larga nota me había atrevido a despedirme
sin pedir permiso, sólo pidiendo valor.
Puse un adiós en la maleta, dejé mi promesa en el pasado, no cabía llevarla a un nuevo viaje,
y luego de un largo tiempo creyéndola olvidada hoy se presenta en mi nube, echándome un ojo,
invitándome a recordar.
He recordado una risa, un suspiro, una historia infinita... hasta el cielo, un papel, un cofre y una chansón.
He recordado un circo, lúculas, un chicle y un ratón, he recordado colates, poemas, historias,
he recordado el insomnio, a Sody, una almohada con rímel, una pena, una lágrima, una muerte
y una resurrección.
He recordado una vida, y me he sentido feliz... luego de algunos días he sentido dolor... he perdonado hace mucho tiempo, y me avergonzaba tener que perdonar otra vez.
Hay cosas que el cuerpo ya no soporta, y se lo pasa al corazón... mi corazón debe estar muy resentido...
Le he preguntado a esa promesa por qué ha vuelto a mí... ha sonreído, se ha sentido feliz con sólo verme, y luego de eso ha resuelto desaparecer.
Me ha dejado un suspiro, de esos que recordé. Me ha dejado las ganas de llorar, también las de sonreír pero con menos intensidad. No he entendido. 
He querido odiarla, pero no quiero volver a perdonar. He querido llamarla, pero no la quiero presionar. Me toca olvidar otra vez?
Lo siento, corazón. Puedes quedarte con el pedazo de papel: TMK.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Vuelvo

Se ha escapado una lágrima por la rendija de mi alma. Mis dedos se humedecieron al intentar esconderla, pequeña traviesa que me delata.

Escuchaba tu voz desde lejos, y entre todas las palabras armaba un poema, uno que me recuerde el inicio de aquella historia, donde tumbados en la arena nos confesábamos un amor naciente desde nuestros pensamientos.

Sentí el calor de aquella playa, y vi aquella mirada que quedó impresa en una fotografía durante años. Sentí el aroma del mar que arrullaba nuestro descanso, y me raspé con el recuerdo de la arena posándose en mis piernas desnudas, cruzadas, cómplices de un deseo silencioso que pronto dejaría escapar.

Volví a oír tus palabras, volvía a ti el tono tierno con que me enamoré. Me enternecí y se asomó una sonrisa curiosa a ver si podía salir por mis labios. Vio un espacio, y contenta voló hacia el cielo arrastrando un Te amo. Se ha posado al lado del sol, me recuerda lo lindo que es ser feliz, y las ganas tremendas que tengo que volver a sentirme así, y quedarme allí para siempre...

para siempre contigo, mi amor.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Cerré mis ojos



Cerré los ojos y muy quedo me acurruqué cerca de tu recuerdo; esperaba un suspiro, unas buenas noches que me invitaran a recobrar el sueño; acariciando mis manos sentí el olor de un calor ausente y vi entre las cortinas la sombra de un amor que aunque lejos vive presente... cada una de estas noches, muy grabado aquí en mi mente.

Sentí rodar por mis mejillas una leve gota de tristeza, de emoción incierta, sentí también llenarse las pupilas de una imagen risueña de esas con las que uno despierta, y cogí tu sonrisa colorida, la guardé en el corazón y me di la vuelta, abracé tu ausencia, la pegué a mi pecho y soñé contigo; despertar era cosa del destino… regresar era cosa del destino… volver a soñar era tan sólo una ilusión propia de un corazón herido... por esta ausencia.

He descubierto mis sentidos luego de este mal sueño, has abierto la puerta de nuestra vida y muy quedo vienes a mí siento tu brazo bordear mi cuerpo y has invadido mi sueño y he sentido también una lágrima de emoción al ver que soñaba contigo, y con un beso has sellado ese sueño, hemos despedido la ausencia, y nos hemos dado la cara para volver a darnos un beso.

lunes, 6 de agosto de 2012

El lienzo de un sueño

He dibujado un sueño en el que me vi feliz.

Mis dedos paseaban curiosos el templo de tus ilusiones, surcaban el camino de un futuro que bailaba entre lo apacible y emocionante, como el vaivén de las olas que hace años me dejaron escapar.

Despiertas de un sueño de caricias y con un beso le damos la bienvenida al horizonte diseñado en el capricho de nuestra esperanza, un horizonte pintado de óleo inmortal grabado en el alma, aquel que empezamos a dibujar años atrás.
La huella de las sonrisas que adornan nuestros días nos han dejado aquellos surcos en los labios, las miradas enamoradas se encarnaron en las pupilas, y en la voz se amotinó un "te amo" un "mi amor".
El color de cada día se pinta de luz, aún cuando el cuerpo tiembla y el cielo se encapriche en no dejar ver el sol, cada uno de nuestros días lleva el brillo de los dos.
Los sonidos de aquel lenguaje consentido nos envuelven en un nido abrigador, y la pasión de aquellos besos nos transportan a sensaciones del pasado, de un futuro, de un presente matizado con contrastes que embriagan cada segundo de silencio posterior al éxtasis del amor.
He dibujado un sueño, en el que me vi feliz junto a ti. Cuéntame tu sueño, si estoy allí, si sientes aquella ilusión que sosiega, que apacigua, que complace, si estoy dibujada en tu lienzo, como lo estás tú en este pedazo de papel.
He dibujado un sueño, y el color de mi felicidad eres tú.

A Cali...