martes, 2 de abril de 2024

Redes

 Veía, como en un cuadro

pasar delante de él

la historia de su vida

con aquella mujer,

como llamando la atención 

por una despedida

no planeada, pero inevitable,

con cientos de fotos y comentarios 

que dentro de unos segundos

pasarán al olvido con un clic…

si lo encuentra;

a veces borrar el pasado no es tan fácil 

como dejar huella.

Caramba! Algunas cicatrices no las podrá borrar,

seguirán flotando en el espacio

chocando con él cada vez que se aventure

a una nueva caminata espacial.

Bueno, total, 

hay tantos restos en el espacio.

jueves, 18 de enero de 2024

Así fue

 


... no será?

Debajo de un recuerdo se atrevió a escribir una carta, con el mismo lapicero con que había escrito, hace ya muchos años, el final de un libro por demás apasionado.

En ella le decía lo que nunca fue capaz de confesar, que había pensado en los momentos juntos, que había extrañado los destellos de dulzura que dejaba escapar cuando, por instantes, se escondía la dureza de su carácter, que había querido escuchar una vez más su voz, aquella que arrulla cuando no elabora discursos, sino, cuando simplemente saluda, o pregunta ¿cómo estás?, o pide, quédate un minuto más.

No sabe si fue por orgullo o temor, pero aquella carta la dobló, la rompió, y la tiró al baúl de los recuerdos que caducan, lamentablemente, en pocos días. Tenía definido un espacio en su mundo donde enviaba estas cartas que tenían un final predecible, aún sin escribir la palabra, llevaban en ella el final planificado, lo que no fue, no será, y así fue.

Cogió una nueva carta, quiso escribir el inicio de una nueva historia, pero al apoyar el lapicero en la hoja, la tinta no se lo permitió, o la falta de ella, o el arrebato de un ventarrón, o de dos, y se dejó vencer, parecía que escribir aquel inicio no fue muy importante. Aquella historia nunca iniciada pasó al espacio finito de su memoria para quedar como aquello que tampoco fue. 

De pronto llegó una carta a su mesa, era un mensaje de más de una década atrás, no sabía cómo interpretarlo, después de muchas frases "te quiero", o mejor dicho "siempre te quise", solo atinó a doblarla y guardarla para no leerla más. Hay cartas que quizá nunca deben ser leídas.

Al final, luego de varias correspondencias, volteó a ver, pocas le causaban nostalgia, los finales que le dio a cada una de ellas la hacían sonreír de una manera dulce y serena. Sabía que esos adioses eran la génesis o continuación de su paz, que era lo más importante, y por ello, solo dejaba ir.

¿Extrañaba algo? Sí. Pero con los años aprendió que a veces es mejor extrañar, que aceptar algo que no la haría feliz. 

Y así fue. ¿No será? 

No lo sabía.

martes, 6 de junio de 2023

Entre nos… nostalgia

 Me había perdido en el paraíso de tu mirada, en el laberinto de las risas que nos envuelven, nos retuercen y nos sueltan al aire para caer con un suspiro que dice “cuanto me gustas”, me había rendido ante los besos que dicen algo más y la razón nos sopla al oído que no es el momento y nos recuerda qué hay un tic tac que avanza paciente por esta historia de amor, y lo entiendo. Hasta que se acerca la nostalgia.

Hace mucho que no venía a verme, también la había olvidado, pero creo que suele asomarse cuando siente amor. La miré a los ojos y supo de inmediato cómo me sentía, me conoce hace tanto, entre nos, y me abrazó. También conocía ese abrazo de consuelo, pero me dijo algo que esta vez fue diferente, me recordó que en esta historia también necesito fe.

Me regaló una sonrisa y le sonreí, y se fue. Y en ese momento volví a ti, para volver a refugiarme en esa mirada que me completa, que me cuida, que me ama, y entonces sí, fui feliz hasta un nuevo día.

Como cuchillo en la mantequilla

Quizá sea el tiempo perfecto, ni antes ni después.

Quizá tuvimos que vivir todo lo que vivimos, quizá por eso nos amamos y valoramos tanto.

Quizá todo ello fue necesario.

Quizá debimos encontrarnos con estas cicatrices para demostrarnos lo héroes que fuimos para nosotros mismos, para demostrarnos que seguimos vivos con las mismas ganas de amar y ser amados.

Quizá somos el uno para el otro, quizá estemos en el sueño del otro, quizá estamos conectados al alma del otro, quizá todas las noches nos hacemos el amor, porque aún separados físicamente, somos complemento.

Yo solo estoy segura de algo, que estos quizás son hoy mi certeza, mi diccionario pierde sentido en las probabilidades de nuestras horas, y mis noches son enteramente tuyas, ya no mías, y así soy feliz.

Y solo pido que los mismos quizás se vuelvan tu certeza, las afirmaciones que nos roben una sonrisa y nos hagan volar, y volver, y soñar, y despertar, y reír, y llorar, y sobre todo amar, amarte, amarnos, y así, hasta el final de nuestros días, de los tuyos, los míos, los nuestros, juntos, y así…

Posibilidad

 Y si nos vamos tan solo caminando al norte, hacia el infinito, como el amor que pregonamos? 

Y si me acurruco en tu cuello y me acaricias la oreja y nos quedamos dormidos?

Y si me abrazas de improviso mientras andamos por la ciudad, y nos reímos como niños enamorados que por fin se encuentran luego de un verano separados?

Y si me das un beso en lugar de una flor? Y si me miras y en esa mirada me confiesas tu amor?

Y si soñamos despiertos que somos el uno para el otro, o para el otro, uno, o para los dos?

Y si tan solo me das tu mano y nos amamos en silencio, mirando el horizonte?

Y si roso con ternura los nudillos de tus dedos para disfrutar del proceso de estremecimiento que te provocan mis caricias?

Y si solo somos? Y si nos dejamos ser? Será así tan fácil ser feliz?

Y si unes tu boca a mi boca, y nos olvidamos del tiempo, mientras nos fundimos en un deseo descontrolado? Será así tan fácil ser feliz?

No será Roma esta noche

Era de noche, había esperado por mucho tiempo aquel día, sus manos imaginaban la textura de aquella pintura que siempre anheló, su sentido del olfato podía percibir aquel aroma imaginario que provocaría la imagen que añoraba en cada sueño y despertar. Su boca, sus labios, querían pronunciar su nombre, habían permanecido cerrados guardando el secreto de un suspiro, guardando el gesto tímido de una sonrisa pudorosa para cuando pudiera ver la obra de arte que tanto deseó. Sus ojos, durante todo ese tiempo guardaron su brillo, sus ojos de canica se mostraban apagados como queriendo ahorrar una ilusión de ver por fin cada color, y cada contraste que llegaría por fin esta noche.

Todo estaba preparado, caminó por largas horas, corrió sin percatarse del dolor que provocaba el esfuerzo, hizo cómplices a los más amados, para que todo fuera como lo había imaginado, leyó la reseña de la obra por última vez, miró la carátula del folleto, por última vez, se tragó el suspiro y restringió  su sonrisa, por última vez, porque en pocos minutos podría verla, podría ver aquella pintura con la que tanto soñó.

Mientras corría, contaba las luces de los faroles caprichosos en forma de copos de algodón. Uno, dos, diez, treinta, pasaban los minutos y su corazón empezó a correr con ella, su nariz empezó a correr con ella, sus manos empezaron a correr con ella, sus pies sintieron un ardor como nunca había sentido; sin querer, dejó de contar las farolas, el esfuerzo dejó escapar todos los suspiros que había guardado durante tanto tiempo, poco a poco, el camino se fue oscureciendo, sus ojos empezaron a brillar, pero no era el brillo que guardó, era su dolor, por acercarse a la verdad. Era la desilusión de abrirse paso a una realidad donde esa noche no vería esa pintura.

Había valido la pena? Se preguntaba.


Se descubrió de pie al final de un camino oscuro, las farolas en formas de copo de nieve hace mucho que se habían extinguido, su polo estaba empapado de impotencia, el aire impregnado del sinsabor de los gemidos de cansancio por el camino recorrido, sus manos escondieron su pena, la pena que se había permitido pasear por todo su rostro para apoderarse de él. 

Cayó de rodillas, respiró profundo, y luego de expulsar aquel sufrimiento del que no tenía recuerdo, se quedó en silencio. El tiempo pasó lento, la pintura que imaginó se alejaba de su mente, como algo inalcanzable, como algo que no era para ella, o al menos, no lo era esa noche.

Levantó el rostro, limpió su pena, respiró profundo por segunda vez, cogió el recuerdo de su anhelo, lo guardó en una cajita cerca del corazón. “Quizá no sea esta noche”, se dijo, pero quizá sea “alguna noche”. Quizá pronto, quizá lejos, pero abrigó la esperanza de poder ver la obra de arte que por tanto tiempo había esperado con tanta ilusión… y volvió.

Día 1

 Estás ahí?

Abrió los ojos y sintió que el aire volvía a entrar a su cuerpo después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo.

Expulsó todo el aire y con él, la pena. Sintió el alivio de volver a sentirse viva, después de haber experimentado la opresión de su alma como un preámbulo a una muerte anunciada por un repentino “adiós”.

Corrió hacia la ventana y sintió el sol como una llamada de atención, es real, le decía, sigue vivo, no fue un sueño aquel donde fuiste feliz y creías que podrías serlo por el resto de tus días. Fue real. Y ella sonrió y le regaló unas olas de emoción.

Bajó de esa nube y pensó en él. Lo imaginó recorriendo con cariño sus pensamientos, se perdió en el recuerdo de su mirada pícara, en sus besos cómplices de películas nunca vistas, en sus manos aprendiendo de memoria sus formas, en su respiración cuando se acercaba, en los timbres que rozaban sus latidos, en sus versos enredados, en la incursión del amor a su cuerpo con ternura como una rendición a aquello que nunca se planeó pero que dominó su todo, sus días, sus lunas, su tiempo, su energía, su mente, su atención, porque sin quererlo se había rendido ante el hecho de descubrir que podía y debía ser feliz de una vez por todas.

No quiso recordar más, quiso que aquello volviera a escribirse en otra piedrita en la playa de sus recuerdos, y salió.

Encontró la caracola que quería ser grabada con el Día 1. La abrazó, se embriagó de su aroma y unió su ternura con la de ella, la guardó en el surco que tanto lo desconcentraba, tenía toda la costa para llenarla de caracolas nuevas dispuestas a ser grabadas hasta el día “n”, y se recostó en la arena, sintió nuevamente el sol, su amigo, su cómplice, su testigo de siempre; sonrió, cerró los ojos, y sintió el mar acariciar sus huellas, y nuevamente la escena le recordó que estaba viva, y que él era real…

jueves, 23 de marzo de 2023

La 28 que renueva


Con un lento andar pasé por la 28 de la calle de tus recuerdos, esta vez, las hojas caídas me llevaban a aquel adiós, con temor me acerqué al rincón de la oración que escribía nuestro adiós y sonrió al verme, como queriendo llevarme a aquella etapa del duelo.

En mi mente un remolino de emociones me alertaban a no dejarme llevar por esa sensación, mientras el paisaje, himnotizante, seguía recordándome la frase y volviendo atrás, cuando fui feliz caminando por la 28, la calle del hola y el adiós.

¿Cómo llegué aquí? ¿Será que el duelo es un remolino cíclico? No, qué va, lo que me atrajo fueron los espectadores de todos los adioses que despiden sus hojas como celebrando los saludos y despedidas, espectadores respetuosos que solo se dejan ser, y que sin decirlo, nos dan la bienvenida y también, nos invitan a no volver. Solo está permitido volver si eso te invita a soñar. Soñemos entonces.

Siento el viento limpiando las emociones del recuerdo, el olor de cambio de estación refresca los pensamientos, invitación otra vez a bosquejar nuevas historias de inauguración y desenlaces, de historias grabadas en el negativo de la pupila atenta para almacenar las imágenes en el banco de recuerdos de un otoño, de un nuevo otoño en la 28.

Si necesito un abrazo esperanzador, todos ellos están dispuestos, mis huellas, al tocarlos, sienten el paso de los años, me regalan imágenes de su pasado y revivo una y otra vez sus estaciones. Un abrazo, uno que renueva la promesa de un renacer, de él y de todos, y por qué no, uno mío, otra vez, una y otra vez, porque rendirse no es una opción.

Con la palma de mi mano me despido, y a cambio recibo las caricias en forma de hojas sueltas, voladoras, saltarinas de todos ellos. Me quieren, me extrañan, me aman. En esa calle solo siento amor. Y es que los que estamos llenos de amor lo sentimos en el aire. Esa calle, la 28, es una calle de amor. Me despido, aunque sé que volveré. Se despiden, aunque saben que volveré, una vez, una y otra vez, en cada renacer, porque aún sin decirlo, nos pertenecemos, y nos volvemos a ver cuando la batería de esperanza nos da una señal de alerta. Y entonces volverán a caer esas hojas, y volveré a decir "hola" y "adiós".


A Cali

lunes, 26 de septiembre de 2022

1320 - TML



Todavía... todavía mantuve abrigada aquella historia, una historia de iniciales que confesaban un deseo inesperado, que dentro llevaba un miedo, pero también una fuerte ilusión. No recuerdo la estación, he perdido la memoria de muchos recuerdos, he tenido que vaciar algunos momentos en el camino para dejar entrar una nueva historia. Me valí del espacio suficiente para nuevas promesas, para nuevos besos, pero se ha quedado un pedacito de ese cielo escondido en el centro del corazón. La tierra donde sembré ese sentimiento estaba bendita. Una oración había colocado la clave de sol en la partitura, y con una larga nota me había atrevido a despedirme sin pedir permiso, sólo pidiendo valor. Puse un adiós en la maleta, dejé mi promesa en el pasado, no cabía llevarla a un nuevo viaje, y luego de un largo tiempo creyéndola olvidada hoy se presenta en mi nube, echándome un ojo, invitándome a recordar. He recordado una risa, un suspiro, una historia infinita... hasta el cielo, un papel, un cofre y una chansón. He recordado un circo, lúculas, un chicle y un ratón, he recordado colates, poemas, historias, he recordado el insomnio, a Sody, una almohada con rímel, una pena, una lágrima, una muerte y una resurrección. He recordado una vida, y me he sentido feliz... luego de algunos días he sentido dolor... he perdonado hace mucho tiempo, y me avergonzaba tener que perdonar otra vez. Hay cosas que el cuerpo ya no soporta, y se lo pasa al corazón... mi corazón debe estar muy resentido... Le he preguntado a esa promesa por qué ha vuelto a mí... ha sonreído, se ha sentido feliz con sólo verme, y luego de eso ha resuelto desaparecer. Me ha dejado un suspiro, de esos que recordé. Me ha dejado las ganas de llorar, también las de sonreír pero con menos intensidad. No he entendido. He querido odiarla, pero no quiero volver a perdonar. He querido llamarla, pero no la quiero presionar. Me toca olvidar otra vez? Lo siento, corazón. Puedes quedarte con el pedazo de papel: TML.

miércoles, 28 de agosto de 2019


¿Hace cuánto fue feliz?
Mientras toma un café al borde de su mar siente volar aquella pregunta como una gaviota perdida buscando un muelle donde aterrizar. El calor de aquel líquido trae a su mente un recuerdo cálido; tertulias a medianoche en el café de siempre donde el horario es suyo, donde la capacidad del local está sujeta a su capricho, donde los nombres no son nombres, sino apodos adquiridos, donde las nubes encajan en el rincón de siempre tomando formas moldeadas por cada experiencia vivida, cada comentario rosa, cada secreto temeroso, tímido, vergonzoso, hasta en ocasiones tan deprimente que nunca deja de ser secreto, donde el hogar es aquel momento en que compartes un café, una sonrisa y un hasta pronto, deseando que al día siguiente todo vuelva a empezar.
¿Hace cuánto que sonrió?
Con aquella sonrisa enamorada, sentado con un leve inclinación hacia ella, mirándola fijamente sin lograr escuchar lo que ella dice, sin entender lo que ella cuenta, sin importar el tiempo, tan solo ella, su mirada, sus movimientos, su perfume, su timidez. De pronto el silencio, ese silencio cómplice que los mira anonadados, habla ella, habla él, quién podría? espantados por no saber beben de su copa con la mirada gacha, su respiración empaña el cristal y al evaporarse... sus miradas otra vez se encuentran para retomar un diálogo iniciado tan solo con la admiración de uno por el otro y su eterno sonrojo.
¿Cuál era la canción?
Camina lentamente con su desazón y su sombra al ritmo de una última canción, una canción con olor a vino blanco, con color a atardecer en su eterno Huanchaco, con la textura de su mar y la brisa que lo envuelve tiernamente enfriando los recuerdos que pronto lo harán llorar.
Más vale que no tenga que elegir, que el destino no lo haga elegir entre el querer y olvidar, que los pasos siguientes en aquel triste camino lo eleven al destello de una alegre chansón, con vista a un cielo y el balcón a una pasión, con un manto y pinturas para dibujar un nuevo destino con olor a humedad, con color celeste claro, anochecer fría con sabor a chocolate caliente y un libro de compañía, como siempre.
¿Hace cuánto fue feliz?
Ayer, cuando al acostarse sintió la respiración de un amor que no sabe que es amor, cuando su mano bordeó aquel cuerpo tibio, que lo extraña y lo busca cada noche para poder dormir, cuando su mejilla topó aquella mejilla que no se incomodó, cuando sintió aquella mano caer sobre sus ojos, entonces fue feliz. Ahora lo recuerda, pero mañana, nuevamente se habrá de preguntar, ¿Hace cuánto fue feliz?

lunes, 17 de diciembre de 2018

Duerme, mi pollito


Camino a un horizonte dorado te llevaba en mis brazos;
sentía el palpitar de tu pequeño corazón acompasado con el mío, cantando una canción de cuna que mece, que arrulla;
con un brazo te sostenía en mi andar y con el otro, suavemente, acariciaba tu manita suelta libremente, con confianza, con amor.
Miraba a lo lejos el mar, un mar con olor a Huanchaco, un atardecer con olor a recuerdos tan lejanos, a vinos blancos, libretas y poemas por doquier;
tú caías lentamente en un sueño bonito, de angelitos, de bautizo, de blanco, pureza, bendiciones y señales de la cruz.
A la señal, mirábamos tu rostro para, segundos después, ser retratados en un lienzo imborrable, nuestra mente, nuestro inconsciente, nuestro tulipán del jardin añorado, nuestro regalo de Dios.
Y tú, con los párpados cansados, luego del néctar blanquecino que arrulla, caías lentamente en mi hombro, cantando en mi imaginación: "mamá".
Duerme mi ángel de ensueño, los que te amamos estamos aquí, velamos tu andar, tu soñar, tu vivir, mientras aún no levantes vuelo, mientras seas el niño de nuestros ojos, mientras corras a los brazos de nuestro amor.
Duerme, mi pequeño pollito; mientras viva estos brazos esperarán abiertos un abrazo tuyo, un beso en la mejilla, una mirada dulce, y corresponderán ese amor con la fe en que serás bendito en la vida que te toque vivir.
Buenas noches, mi angelito. Mi motita de algodón.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Impaciencia


Hay alguien más dentro de mí, alguien que desde hace unos meses me da los buenos días y me recuerda el valor del tiempo. En ocasiones lo sueño, lo siento, lo miro, me acurruco a su lado, y envuelta en un abrazo imaginario me vuelvo a dormir. Me gusta la paciencia de quien me acompaña, me gustan los gritos de alegría al saludar a quien me llena de esperanza, disfruto del tiempo aunque me cueste saber que faltan meses para conocer el fruto de nuestro amor, pero así soy... impaciente, sabiendo que con los años no lo soy tanto, aún me embarga.
He grabado no solo en la memoria los saludos de un ángel creciente, me pregunto, cómo provoca tanta emoción lo no conocido; ¿tendrá que ver con la fe? ¿tendrá que ver con un ciclo esperado por los espectadores del lienzo de tu vida? Sea como fuere, las sonrisas vienen a mí de personas inesperadas desde que mi cuerpo empezó a cambiar, de manera casi inexplicable. Entonces comprendo, es lo que provoca la esperanza en una nueva vida, la ternura de todo aquel que inicia el camino que nosotros hace mucho tiempo iniciamos... y provoca lo mismo en mí y en aquel que lo hizo posible. Lo siento así cada vez que escucho su voz encarnando un cuento, lo siento así con cada caricia, sonrisa y juego, lo siento así cuando le habla y me enternece sentir el apego entre los dos. Lucho nuevamente con el deseo de conocerlo, de encerrarnos los tres en un abrazo, en un sueño imperturbable donde las pesadillas y los sustos no existan, donde el amor invada el ambiente, nuestro hogar, y llene el espacio e impregne las almas cercanas de paz, esperanza y fe, aún cuando no conoces el origen, aún cuando no has visto el milagro de una nueva vida nacer.

jueves, 14 de mayo de 2015

Pingüinos


Me sorprendo riendo en un sueño del que eres testigo risueño, 
voltereta de soslayo topando mi brazo a tu brazo
invitándote a acompañarme sin temor a un regreso.
Una mirada me busca cuando mis párpados luchan por dar la bienvenida al sol,
de pronto te encuentro, testigo de un amanecer que nos descubre juntos,
prestos a iniciar un día con besos en la nariz y las mejillas.
Una caricia traviesa se pasea por tu rostro, unos besos atrevidos atrapan tus labios
reclamando los entreabras para expulsar un Te amo. 
Una mano se pasea por tu cintura para ver asomar un sonrojo que aguanta la risa,
te abrazo porque adoro sentir tu pecho rozar con el mío, y de pronto tu aroma,
ese que me dice, me canta y me recalca que estoy en casa;
que me da ese calor que me hace sentir que nada más existe,
que en un nosotros se concentra la felicidad efímera y permanente
contradictoria, transformadora, irreversible, tatuada en un compromiso 
en un nosotros con forma de pingüinos, una historia para siempre,
un tú y un mí.
Me descubro perdida en tantos pensamientos y de pronto...
pienso en ti, veo cómo termino sonriendo, delatora confesión 
de una pérdida de control, del garabato que ocasiona una frase de amor tuya
en mi cuarto de emociones, para terminar recostada en la idea de pronto
volverte a ver.
Me descubro ilusionada, me descubro enamorada,
me descubro en un camino donde camino feliz, y al lado mío...
tu mano prendida de la mía compartiendo el trabajo de construir un sendero
adornando a cada paso el camino con detalles, impregnando el aroma
de las flores a las almas enamoradas que transitan optimistas un camino a lo desconocido.
Me descubro de ti, me descubro de mí; cierro los ojos y busco en mis sueños
que llegue la noche en que por fin volvamos a casa hasta un nuevo amanecer.

sábado, 15 de noviembre de 2014

¿Me tienes un regalo?



Ese momento en el que sabes que no eres una triste historia. Estás vivo. Y ves las luces en los edificios y todo lo que te hace preguntarte y estás escuchando esa canción con la gente que más quieres... Y en ese momento juro... Somos infinitos. (De la película Las ventajas de ser invisible)
Chansón: Heros, David Bowie

Nada, no hay nada después de nosotros, las luces se pierden con el sonido que va dejando la algarabía de encontrar lo que tanto buscamos… un beso, un beso que lo sella todo, que lo termina todo, que lo inicia todo.

Viento, corre el viento y se cuela entre mis alas, me eleva en un sueño hace tiempo bosquejado, soy dueño del destino, del tuyo, del mío, y a la vez pertenezco a los sueños de los héroes que merecen ser.

Sueño, me mantengo en un sueño en el que nos encontramos, aquel en el que me entregas lo que un día perdimos, el regalo esperado, el regalo guardado, el regalo del circo postergado por la llegada de París, del paquete con nombre compuesto por el amor y la fe. Héroes del sol, del silencio, de Can Cun, de Soleil, de Febrero cuando me enamoro, de Noviembre cuando despierto, de un mañana cuando vuelvo a ser.

Siento, dentro de mi pecho siento la fuerza de poderlo todo, de un hoy en el que somos invisibles, que ganar es la única forma de vivir. Cierro los ojos y con la palma de mis manos le doy la bienvenida a una noche inolvidable, la casetera le da la bienvenida a un recuerdo, un día en que pensamos que un adiós sellaría el libro de nuestras historias. Suena, lentamente suena la primera estrofa del poder infinito, las luces acompañan el compás de la amenaza interestelar, vamos juntos, invisibles, invencibles, esperando por algo más.

Me tienes, acaso me tienes algo más? Recuperar un recuerdo asumido perdido tan solo apertura una noche victoriosa, ya no habrá más oscuridad. Me tienes un regalo? Un poder mayor, uno infinito, uno invisible? Look at my eyes, I find you, I don’t need any more. Lo tengo todo, somos los héroes de la noche, esta vez no habrá final, se acabaron los adioses, no queda tinta para más.

martes, 23 de septiembre de 2014

Un silencio que lo dice todo

Chansón: Con solo una sonrisa (Melendi)


He amanecido envuelta en un silencio que grita no despiertes; entre sueños he visto mi verdad bordeando el cuadro azulado, fiel testigo de una noche de cobardía en que, en silencio, te dije adiós. 

He amanecido con el dolor del olvido retumbando en mi cabeza, ahora me impide abrir los ojos, duele ver el sol, ese sol que te obliga a enfrentar el testimonio de quien nada dijo y a la vez lo dijo todo, de quien pintó el cuadro que vibra a su lado, conteniendo el secreto mejor guardado de una historia donde uno es mejor que dos. 

He amanecido con el deseo aparcado en medio de la ciudad, lo olvidé una noche oscura, más oscura que tus secretos, más oscura que mi adiós. Se lo han llevado los pintores vagabundos para sus lienzos en blanco y negro semejantes a mi vida, semejantes a tu amor. 

He amanecido adormecida tras muchas horas de pensar en una mañana de testimonios sin testigos, en adioses sin creer en un dios. He amanecido en silencio y mi sueño lo dijo todo y todo se reduce a una historia finita donde nunca existimos los dos.

Soy el ser vacío que aún con los ojos abiertos sigue dormido... me rindo a la despedida, sucumbo ante el ofrecimiento de una disculpa por la inexistente mirada de culpa que citamos en aquella carta caída en el pozo de los deseos olvidados.

He dormido con el aroma de tu cuerpo vagabundeando alrededor de la almohada, te recordé, te deseé, te impregné en una memoria cada vez más longeva con la única finalidad de volver a ser feliz. Pero la tristeza ha sido siempre mi bandera, llevo un tatuaje de lágrima en el alma, mi pluma, en vez de tinta, escribe con llanto, me alimento de la pena y la soledad de una playa sin gaviotas, y no quiero cambiar.

He dormido en la orilla de un año en que fui feliz, he recobrado la memoria de quien se levanta, de quien muere y resucita, del ave fénix de los veranos en soledad. He dormido con el sonido de la gaviota pintando de sepia el poema en la boleta del restaurant, do you remember that? He recogido la autoestima de aquella gacela enamorada del amor y la he arrojado al mar.

El silencio me invade en cada minuto de esta vida, no sé qué hay allá afuera, no sé si esto es vivir; para mí, el silencio lo dice todo, y un adiós que nunca se dijo está pintado en aquel cuadro que dejaste al partir, leaving me alone... leaving me to die... again.


miércoles, 27 de agosto de 2014

La verdad no tiene temperatura

Chansón: Feeling good (versión de Muse)

Cinco palabras que esconden un secreto, una frase sin sentido que esconde la respuesta a todo, a todo lo no oído, a todo lo entredicho, a toda una verdad a medias.​
Cinco colores que se pintan en el lienzo del olvido, un sol escondido, una sombra irreproducible en un día que nunca fue, un día ilusionado, iluminado, inigualable en un laberinto de casonas que no existen, que aparecen y desaparecen como tu verdad. 
Cinco nombres vinculados, cinco hombres apenados por un secreto literal, tatuado en la historia de aquella que no supo dar el final a un cuento de papá, de abuelo, de tío, de sobrino y de hermano. 
Un adiós no pronunciado, un adiós asumido en corazones desolados, la dama que desaparece sin dejar rastro, una historia de un cuerpo frío, un aposento vacío, una cálida mentira para una verdad sin temperatura. 
Una historia de colores inertes, incompletos, inservibles; una razón para la sin razón, un llanto comprimido, un testigo sin boca, un lanza llamas sin gas. La impotencia de no saber, la indiferencia de callar. 
Vuela en el ambiente y permanece, como humo de cigarrillo, el recuerdo de la que un día fue, y no volverá. 
La certeza te carcome, el olor a soledad. La obligatoriedad de un adiós insoportable en la levedad del raciocinio de cinco mudos a tu ausencia. Es que no volverás. 
Has dejado esa verdad a medias, el frío de la ignorancia, un calor lejano que no llegará. Te has llevado las almas de los vivos, el secreto mejor guardado, una sombra inexistente y un aroma a soledad. 
Tu verdad, esa que has guardado bajo llave, no tiene respuesta, no tiene temperatura, no tiene testigo, ni piedad.

jueves, 14 de agosto de 2014

No me mientas, ni me digas la verdad

Canción: Donde habita el olvido, Joaquín Sabina.

No, tú no
Tu norte no es más compartido
Tu vida no es más mi camino
Tus sueños no son mi verdad.
No digas más que mentiras,
Me ahogo en el llanto
Que dejó en tu manto algún día
Un oso del pasado
De una historia caprichosa
Que se acabó una navidad.
No quiero más tu verdad
Un soplo de vida esculpida
En el brazo de un árbol
Donde soñé en tu regazo
Cuando nos volvimos a encontrar.
No me mientas
Ni me digas la verdad,
Fue solo el sueño de una triste despedida
Un despertar en una noche sin un día
Un laberinto del que no pude escapar.

domingo, 6 de julio de 2014

Me haces feliz






Chanson: Margarita - Fito Paez

Yo soy Fita, la de crayolas de colores, la que ata y desata las melenas que caen sobre tu frente, la que baila, la que grita, la feliz, la que pinta, la que toca el piano, la que toca el alma, la que pone el color al papel, a los labios entreabiertos para dar más besos, la que vuela y cae, la que flota, la que sueña que flota, la que duerme, la que despierta, la que abre los ojos y besa en la frente, la que besa el camino de un fideo al cenar. 
Yo soy Fita, la del vestido acuarela, la que viste el sombrero y tapa el futbol, la que mete el gol, la que despierta, la que crece cada día más y más, la que enamora, la mujer de ahora, la de labios púrpura y perfil soñador, soy el sueño de vos, soy la risa de a dos, la melena ensortijada, la que vive, la que ama, la que recuerda cuentos, la que los cuenta, la que se da cuenta que aunque pase el tiempo siempre seguirá siendo la Fita de papá.

lunes, 19 de mayo de 2014

La calma que antecede al huracán

- Ya no quedan manchas de rímel en la almohada.
- Sody no volverá.

Sólo he recibido mensajes de silencio desde que partiste, han sido escritos con tinta sabor a mar en forma de gotas pesadas, bailarinas, saladas, que se caen por culpa de la gravedad.

He tenido que enviar mensajes que sepan nadar, que busquen la corbata a rayas del osito poseso, todo para mí, todo para Ca. He querido volver al adiós para convertirlo en un jamás donde no exista una despedida, una ida sin regreso, una lágrima en altamar antes de tu viaje sin retorno a un lugar al que no puedo llegar.

He cantado la canción con que te dije mis secretos, he gastado el rímel con el que manché tu corbata de navidad, he prestado tu perfume para dormir en silencio y preguntarte en mis sueños cómo estás. He abrazado tu cuerpecito con un pecho lleno de culpa, de mis manos brota siempre un olor a soledad, me has mirado y en susurros hemos vuelto a cantar, he recordado la alegría y he llorado cuando me he sentido despertar. Una carta tras otra debajo de la almohada, sonrisas que disfrazan la calma de las noches sin dormir, gritos ahogados por un huracán escondido, comprimido, culposo, con ganas de estallar.

Cada llegada a casa es un permanente deseo de encontrarte en mis sueños, eterno confidente de mi dolor. Al cerrar los ojos y verte nuevamente, más de una vez, no he querido despertar. Más de una vez te he llamado, pero sé que no volverás, sé que seguirás siendo un confidente ausente, un recuerdo permanente, un amigo para siempre, un Osito de Taiwán.

(Un osito de peluche de Taiwán - Los Auténticos Decadentes)